Ciudades integradoras

No existen las ciudades integradoras. Las ciudades son entornos sectorizados y segregados por múltiples factores diferentes: por renta, por edad, por origen o por cultura. Incluso podemos tener sectores de la ciudad que puedan ser amigables u hostiles para personas con movilidad reducida.

Cuando se toman decisiones urbanísticas o de servicios, no tienen un efecto neutro, sino que pueden influir en una mayor integración o segregación de nuestros barrios. Debe ser un objetivo del municipio y de sus habitantes lograr una mayor cohesión y superar las desigualdades con aquellas herramientas que tenemos a nuestro alcance. La más importante es el ayuntamiento, pero también nuestras decisiones individuales y familiares.

Tenemos que crear comunidades integradas en cada barrio, con diversidad de edades, rentas y culturas. Barrios con comercio de proximidad suficiente y con riqueza de opciones. Barrios que puedan ser habitados por personas que presenten algún tipo de discapacidad (el 15% de la población mundial). Barrios donde las personas más vulnerables se sientan seguras.

Es más espectacular y fácil, crear promociones de pisos, parques y zonas comerciales de nueva construcción. Pero eso acaba contribuyendo a la segregación de la población, abandonando a los barrios envejecidos, empobrecidos, con servicios deficientes y grandes problemas de movilidad.

Llega el momento de que las ciudades hagan una mirada a su interior, abandonando el urbanismo de la rentabilidad y adoptando nuevos urbanismos. Como un urbanismo más plural, que tenga en cuenta las necesidades de todas las personas, pero no como si fuesen homogéneos, sino atendiendo a su diversidad de edades, de capacidades físicas o de orígenes culturales. Como un urbanismo más feminista y de los cuidados, donde no se priorice el acceso a los centros de trabajo, sino también la movilidad asociada al acceso a centros de salud, parques o centros de enseñanza.

El urbanismo del bienestar de las personas.

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